Image

Si no escribo me enloquezco en Maternidad intratable.

| Por: Luisina Bourband

Estoy levantada por octava vez. En esta oportunidad desde las 5:25 de la mañana. Bajé con el bebé porque el único modo de que no se queje y despierte a la hermana es que duerma hamacado y en posición vertical sobre mi pecho. Cuando lo voy a acostar, después de varios intentos en los que a pesar de mi arrullo se volvía a poner boca arriba mirándome y pidiendo que lo alce, se despierta la beba. Rápida, lee que me estoy ocupando de su hermano, por lo tanto se pone como una moto. Empieza a girar con su enterito blanco, y parece una versión morocha de Maggie Simpson. Se saca y se pone el chupete, se arquea, tose, eructa, está afónica, chilla, grita, pone su cabeza sobre mi brazo, sobre las piernas del hermano que está tomando la mamadera. No recuerdo a qué hora le di a cada uno el Corteroid, a qué hora les hice el puff, y si tomaron o no la leche y cuánto. De tanto dar vueltas, y luego de darse la cabeza contra la pared un par de veces, gracias a todos los dioses del Olimpo y alrededores, la beba se duerme. Pero tan al lado del borde de la cama que ya no me quedaré tranquila, porque le pongo el almohadón triangular como tope, pero muchas veces se balancea ni bien se despierta y eso le da cierto punch para la caída estrepitosa. Cada vez que respire más o menos fuerte voy a subir por la escalera habiendo revoleado las chancletas que me obstaculizan la corrida. Por lo tanto quedo descalza, por lo tanto me empieza a picar la garganta, que está esperando su turno para enfermarse, cuando todos los demás integrantes de la familia se curen. O sea que caeré para primavera, en ese momento en que todos los demás empiecen a disfrutar.

Cuando me estoy haciendo el mate chocha de la vida, tipo siete de la mañana, ya sin esperanzas de dormir pero con el placer haber conquistado mi derecho a desayunar, oigo un estruendo por el baby call. Subo como loca. Era Benjamín, que fue a mi pieza a buscarme como todas las mañanas, abriendo la puerta con toda la fuerza que le da el miedo de est

« Volver