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Entrevista a Van Cez.

26-09-2018 | Por: Regina Cellino

E. ¿Qué libros te marcaron como lectora? ¿Y cómo escritora?
Lo que me marcó como lectora y como escritora fue haber empezado, a los 16 años, el Taller de Escritura de Alma Maritano. Hasta ese momento, mi biblioteca era un estante del ropero, con muchos adornos y cinco libros que leía y releía. Me fui de esa primera clase con una lista enorme de libros para leer. Y la lista crecía cada semana. Un libro me llevaba a otro. Un autor, a otros. Me volví una lectora voraz.
En retrospectiva, no creo que haya un libro que no me haya marcado. Leí cada libro como si fuese sagrado, como si tuvieran una revelación que darme. Mis libros están repletos de marcas. Nunca sé con qué puedo encontrar cuando los abro. Me sorprende reconocerme a través de las marcas que fui dejando.
Creo que como lectora, me marcaron los libros de autores que recomiendo a la gente querida: Cortázar, Borges (en ese orden), Arlt, Poe. Como escritora, me marcaron los libros de los autores que no presto: Proust, Colette, Barthes, Duras, Onetti, Faulkner, Bolaño.

E. ¿Cómo es tu proceso de escritura?
Escribo a partir de imágenes. El material primario que tengo suele ser siempre una imagen, por lo general, proveniente de un sueño. Esa imagen va creciendo, acompañada de una sensación. Imagen y sensación se vuelven la voz del personaje. Cuando escribo cuento o poesía, lo hago de un tirón. Lo dejo reposar hasta que se vuelve algo cercano a lo objetivo. Lo retomo. Lo corrijo, y así una y otra vez. Cuando lo que estoy escribiendo crece y la forma escapa al cuento o al relato y sé que me enfrento ante un texto de largo aliento, intento escribir al menos una hora por día. Intento. Hay días en que no puedo escribir. Hay días en que no puedo parar de escribir. Los días que puedo, tengo varios archivos de Word abiertos y voy saltando de uno a otro. A veces lograr una oración en un texto que lleva varios meses abiertos se siente como un logro inmenso. Preparo el mate, pongo música, ropa cómoda, pantuflas, y escribo.
E. Tus dos libros anteriores, Saudade (2012) y Sirena entre los dedos (2013, Río Ancho Ediciones), fueron publicados en el contexto de concursos literarios, ambos primeros premios, mientras que en En el umbral, la edición y publicación fueron el resultado del trabajo en conjunto con la editorial. ¿Qué significó este cambio o movimiento?
Los concursos brindan una sensación de legitimidad, de derecho a, si se quiere. En este caso, fluctué de la certidumbre a la incertidumbre, buscando el consenso o la aprobación de amigos lectores y escritores. Hasta que pude desprenderme de eso y enfrentarme sola al texto.
E. ¿Cómo surgió la idea de esta novela? ¿Cómo fue el proceso escritural?
La novela surgió a partir de una consigna en el taller de Alma. Yo venía acumulando ganas de concretar un proyecto de novela. Había escrito dos que no me satisfacían. Surgieron los primeros párrafos: voces de dos chicos describiendo su casa. Empecé a estudiar Filosofía. Tuve que dejar el taller. El proyecto de novela quedó en stand by, pero cada tanto, en medio del trabajo, los parciales, los finales, lo fui retomando. Pasaron siete años desde los primeros párrafos que salieron de aquel ejercicio de taller. Durante cuatro años fue poco y nada lo que pude escribir, pero los personajes fueron creciendo en mi cabeza.
Una mañana desperté con la certeza de haber soñado con la habitación de los chicos. Sentí que reclamaban que los escribiera, que volviera al texto, que no los dejara huérfanos. Fue el motor necesario para retomar y darle un cierre, que me animó a que alguien más lo leyera. Afortunadamente, a la persona que lo leyó, le gustó. Volví a corregirla. Se la di a leer a alguien más. Nuevas sugerencias. Nuevos cambios. Hasta que me contactaron de la editorial. Y ahí inició un camino de intento de búsqueda de una forma definitiva, con vistas a la publicación. Dudé, porque se trataba de un texto experimental, y cuando uno se arriesga a escribir de modo experimental y no a la manera de…, puede lograr un texto maravilloso, o chocar contra una pared. Cuando se empieza a escribir, se transitan diversos caminos ya recorridos por otros autores, de eso se trata la escritura creativa en un taller literario, de brindarnos las herramientas, de mostrarnos los caminos. Pero cuando ya se escribió a la manera de uno y otro, surge la necesidad de intentar un camino propio, de decirse, bueno, esta historia Borges la contaría así, Cortázar asá, Puig haría esto, Carver esto otro, ¿y yo?, ¿cómo lo contaría yo? Ya no a la manera de nadie, sino intentando una síntesis de todo lo aprendido, en la búsqueda de una voz propia. Hasta ese momento tenía la historia de los chicos. Tuve después, una imagen de ellos, de grandes, sentados a una mesa, conversando. Y pude completar la pieza que le faltaba al rompecabezas que en ese momento se había convertido el texto.
Tras tanto tiempo transcurrido y tantas modificaciones al texto, lo que para mí seguía siendo fundamental era mantener el tono de aquellos primeros párrafos donde sentía que se cifraba la voz de esta novela. En un principio, se tituló Casa. Luego, cuando tuve la historia completa, pasó a llamarse En el umbral. La cita de Heráclito fue una constante a lo largo del proceso de escritura, una suerte de brújula. La cita de Amélie Nothomb cerró el proceso, fue la sensación que me quedó tras haber arribado al cierre del proyecto.

E.En una entrevista realizada a Hernán Ronsino, él manifestó que «La literatura, más allá de contar una historia, es pensar una poética y estar obsesivamente buscándola», ¿cómo podrías definir tu poética?
No puedo. Sí puedo decir que creo firmemente que cada texto pide ser escrito de una única manera posible. Si un mismo texto puede ser escrito de más de una manera, es porque no se pudo hallar el modo adecuado. Intento conjugar la prosa y la poesía. Para ser más específica, intento integrar a la prosa los mecanismos de la poesía. No me propongo escribir tal o cual tema, pero inevitablemente tiendo hacia determinados temas: a gente común y corriente; los escenarios comunes y corrientes. No me propongo hacer un feísmo de la realidad ni un realismo extraño, pero me siento a escribir y el feísmo y lo extraño en la realidad, aparecen. La infancia. Los vínculos humanos. La pobreza. La inocencia. La pérdida de la inocencia. La crueldad.
Ahora estoy con un proyecto que surgió también a partir de un sueño, donde tuve que olvidar el argumento y dar rienda suelta a los personajes. Tenía intención de explorar por el lado de la ciencia ficción, pero terminé escribiendo una historia sobre el miedo. Quizá se deba a que, inconscientemente, conozco mis límites.

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