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Entrevista a Luisina Bourband

09-11-2017 | Por: Regina Cellino

E. ¿Cómo surge Maternidad intratable?
L.B. Maternidad intratable (MI) surge como un ejercicio en un taller de escritura –de Marcelo Scalona-, donde la idea era escribir sobre la figura de la intratabilidad en Barthes. Yo tenía pretensiones muy sofisticadas, quería escribir sobre temas magníficos, extraordinarios, surgidos de mi imaginación, pero era un momento en el cual estaba absolutamente tomada por lo que me estaba sucediendocon tres niños pequeños, y no podía escribir de otra cosa que no fuese de mi cotidianeidad. El texto gustó, se publicó en Rosario 12 y tanto Sonia Tessa como Marcelo me propusieron iniciar una saga del tema. Fue una idea que me permitió por un lado no volverme loca, es decir, darle tratamiento a mi desesperación, y también obligarme a mantener un ritmo sostenido de escritura, aunque fuese media hora cada dos semanas, con el propósito de mandarlo al diario.

E. ¿La escritura siempre formó parte de tus intereses?
L.B. Si, desde adolescente. Pero me llevó mucho tiempo darle forma, encontrarme con la gente adecuada que me acompañe, dorar los motivos que me alienten a hacerlo, conseguir un «escritorio» propio, y delimitar un tiempo real de escritura en mi vida cotidiana. Me ha llevado veinte años que deje de ser un anhelo, aunque no está saldado, todavía lucho para transformar a la escritura en un oficio. Y al contrario de lo que les pasa a muchas mujeres, que piensan a sus hijos como obstáculos a su deseo, yo comencé a abrirme a la escritura con mis embarazos. En el primero escribí una tesis, y en el segundo ya fui por la literatura. En mi caso hay una especie de cooperación íntima, de conexión necesaria entre las dos experiencias, la escritura y la maternidad, que hace que se mejoren mutuamente.
E. Vida de madre y vida de profesional, ¿es la conciliación una utopía?
L.B. Precisamente, creo que para poder llevar adelante la vida en esos dos planos, hay que poner a distancia a las utopías, a los ideales, pero sobre todo a los mandatos. Es una época que se muestra muy blanda, flexible y abierta a todas las posibilidades, pero tiene un reverso feroz, vertiginoso, arrasador. Estamos muy tironeadas, considero que cada una de nosotras se debe ese trabajo, esa oportunidad para pensar qué cosas quiere hacer, cuáles puede sostener y qué tiempo donarle a cada cosa en qué momentos, sabiendo que ese «equilibrio» siempre se da de una forma que parece provisoria, inacabada o imprecisa.

E. En los últimos años, hubo una proliferación de relatos sobre la maternidad que discuten o ponen en escena la perspectiva «edulcorada» de esta experiencia. En este sentido, ¿cómo crees que puede intervenir Maternidad intratable?
L.B. En la actualidad nos encontramos con que el mercado, como con todo lo que toca, ha logrado constituir a la maternidad en un objeto de consumo más, devaluando su sentido profundo. Sumado a la descalificación de la propia experiencia como fuente de saber y a la dificultad que nos atraviesa para recibir relatos de experiencias de generaciones anteriores, surge una proliferación de discursos de divulgación con tono de experticia, que vuelven a poner a las mujeres en un lugar de falta y culpa frente a un ideal que jamás podrán cumplir. En este panorama, creo que cualquier intervención que pueda exaltar el lugar ambivalente y fallido de la maternidad es bienvenido. Maternidad intratable se dirige a ese lugar, pero también a pensar la maternidad como una experiencia dificultosa y también crucial. Y en ese sentido poder sostenerla y atravesarla reflexivamente la transforma en un modo de la resistencia, en términos políticos, se entiende.

E. ¿Tenés algún nuevo proyecto literario?
L.B. Si, hace un tiempo estoy trabajando en una novela concebida a partir de entrevistas a miembros de mi familia, una novela genealógica, como una especie de memoria colectiva (y no tanto, al mismo tiempo, fragmentaria, refractaria) alrededor de un blanco: mi propia falta de memoria. A su vez intenta ser una semblanza de cualquier familia de clase media de nuestro país entre los años ‘60 y ‘80.
También me gustaría escribir una novela corta sobre la adolescencia a partir de unas cartas que una amiga de mi infancia encontró hace un tiempo. Cartas que yo le escribía y que por supuesto no las recordaba. Fueron una develación, y me parecen una oportunidad para hablar de esa época de la vida que me resulta un tanto antipática, escurridiza. Proyectos que no sé cuánto tiempo me llevarán. Lo importante es tenerlos y que orienten el trabajo.

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